Era ya el final de la Semana Santa y ella me vino a despertar.
El interrogatorio:
- ¿Por qué no has escrito?
- He leído, he leído mucho.
- ¿Se te secó, entonces, la imaginación?
- Mas bien, al contrario; pero no era capaz de ponerme a escribir todo lo que se me pasaba por la cabeza.
- ¿Y ahora vas a escribir?
- Quiero escribir, necesito escribir.
- Ah, eso esta muy bien.
Entonces, la muy granuja se fue y me dejo con mis pensamientos a las tantas de la mañana. Para que luego digan que la conciencia siempre nos acompaña.

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